lunes, 6 de julio de 2015

A falta de amor... bueno es un gato

- Él no me quiere.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Se lo has preguntado?
- Sí, la segunda vez que me permitió pasear la lengua por su boca. Me dijo que no me quería, y que tampoco las quería a ellas, pero que, a pesar de todo, nos visitaría en nuestras camas de vez en cuando, para dejarnos olor en las manos y torturarnos hasta la próxima vez que apareciese.
- ¿Y aceptaste? Estás loca.
- Sí, acepté. Yo me conformo con que me regale apenas quince sucios minutos por semana, que me los regale; que sea mío, me da igual por cuánto tiempo. Ser su dueña  y protegerlo entre mis piernas, porque la suya es un alma desamparada (igual que la mía), y después acariciarle la nuca cuando aún esté dentro de mí. No me quiere, ni lo hará, pero me da igual; me basta con poder verme en sus ojos esmeralda y lamerle el cuerpo una vez al mes.


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